25 jun. 2011

La graduación.

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Llevo poco más de un mes de vuelta en casa, los rusos confían un poco más en mi, El Zorro, joven e inexperto, pero con venganza en su mirada, se ha vuelto la única persona confiable de la Piccola Firenze. Todos los días cuando despierto, Se encuentra el diario frente a la puerta, un galón de leche, y una caja con cigarrillos (excepto los viernes de cada quince días, que deja un par de habanos y un vino blanco a cambio).
No me preocupa el aseo de mi hogar, pues solo llego a dormir, y procuro comer fuera, con los rusos, para saber más de ellos; que entre tanta banalidad y chistes en ruso (que ya me tienen harto), siempre se les escapa algo útil, por ejemplo, a Petrov le aterran las cucarachas, eso es algo probablemente absurdo e insignificante; pero para mi; es un arma más que valiosa, y que usaré debidamente en su momento.

Cada noche, cuando vuelvo algo ebrio y agotado de tanta hipocresía, el zorro me espera en el pasillo del edificio, con una cubeta con agua hirviendo, y una toalla en su hombro derecho (siempre en el hombro derecho). Le invito a pasar, me quito los zapatos y aflojo mi pantalón y corbata. Tomo asiento en el único mueble decente de la casa, meto la toalla en la cubeta, la exprimo con fuerza y me la pongo en la cara.
Mihail, prepara la cena, que para ser sinceros es una piltrafa, ni un perro la comería, aunque, he de admitir que va mejorando, cuando yo cocino me observa, me pregunta como lo hago, le enseño a usar las especias y me doy cuenta que ser mitad ruso mitad italiano ya es bastante, como para pedirle que olvide su asquerosa cocina.

Pensamos cada noche, como diablos deshacernos de esa escoria, es más difícil siendo solo dos, bueno, uno y medio, aún no está listo El zorro para esto, y no me gustaría, que siendo tan joven, se inmiscuyera más en la vida de un asesino, se ve que tiene futuro, pues pese a lo que pueda parecer, este joven huérfano estudia medicina y pronto ha de graduarse.

Recuerdo los miles de consejos que me daba mi padre y trato de compartírselos, más que como un padre, como un amigo, para que no se sienta presionado, como cualquier joven lo haría.

Siempre asiente con la cabeza, y sonríe, aunque segundos después solo baja la cabeza, y su mirada de venganza se vuelve nostálgica por el recuerdo de sus padres.

-¡Bingo! se me ha ocurrido algo.
-¿Qué te pasa Zorro, te has dado en la cabeza?
- Nada de eso. La graduación, porque no lo había pensado antes, ¡LA GRADUACIÓN!
- Sí, sí, eso ya lo oí que sucede con la graduación, no me digas que te vas a arrepentir y no irás, ya te dije, el costo lo cubro yo, si es necesario.
- Claro que no, no es eso, la estúpida graduación, estará repleta de gente. Rusos, Italianos, esos malditos Estadounidenses... Es la oportunidad. Seguro Petrov dirá un estúpido discurso, hablará de sus donativos, y de la seguridad que ofrece a la ciudad. Es simplemente perfecto.

Sorprendido lo observaba, su mirada de malicia, ahora se tornaba perspicaz e inteligente, ya no pensaba solo en vengarse, la ira no lo dominaba, pensaba con sigilo y razón, las maneras de lograrlo.

- Tienes que afeitarte.
- Que diablos, ¿Porqué habría de hacerlo?
- Te vas a graduar, hay que ir bien vestidos.
- Quiere decir, ¿Que vendrás conmigo?
- Claro, tu plan me parece bueno.
- Bien, pero porqué he de afeitarme, jamás lo he hecho, es una tradición...
- ¡A veces olvido lo Ruso que puedes llegar a ser! Solo hazme caso y aféitate, te verás bien, ya verás, en mi baño puedes encontrar navajas nuevas y todo para preparar tu crema de afeitar. Yo haré lo mismo, que me molesta esta barba que tanto les gusta a ustedes. No sé porqué.

En ese momento recordé cuando miraba a mi padre afeitarse con mucho cuidado, con mucha paciencia, solo reía y me decía que ya lo entendería cuando creciera.
"Un Italiano bien afeitado, es más que un Italiano, la porte, el estilo, te da presencia e higiene, recuérdalo siempre, el baño y el rastrillo son más importantes que el pan de cada día"

-¿Dices algo?
- Nada, nada, solo recuerdo en voz alta. Vamos por un par de buenos trajes, este momento será inolvidable, solo júrame una cosa Mihail.
-¿Qué?
- No dispares el arma a menos que sea necesario, no querrás convertirte en un asesino.
- ¿Me darás un arma?
- Sólo si lo juras.
- ehm...
- Anda no seas necio, esto no es para ti.
- Bien, lo juro...

Vuelve el recuerdo de mi padre, hablando mal de los mafiosos. -Mantente alejado de ellos, una vez dentro... ¡TE ESTOY HABLANDO!, A veces parece que me dirijo a una piedra carajo. ¡Sólo hazme caso! Soy tu padre y sé porque te digo las cosas.-

Debí hacerle caso, pero ahora estoy aquí, y de no ser por quien soy, las cosas estarían de la mierda por mucho tiempo más. Irónicamente todo este asunto es en su memoria, de mis padres, de la Piccola Firenze de ayer, no en esta escoria llena y hedionda de vodka.

Ha llegado el día, la graduación se acerca, mis nervios, tal como la primera vez, son inmensos, hemos llegado a un salón lleno de adornos, los italianos católicos decidieron celebrar una misa, para congratular a los muchachos recién graduados. A los rusos no les hizo mucha gracia, pero aceptan con respeto las creencias que tenemos, incluso, proponen pagar la mitad de esta fiesta, solo quieren quedar bien. A nadie le importa su estúpido dinero, en verdad, lo mejor sería que no asistieran a la reunión, solo se contonean frente a nosotros presumiendo su poder.

Son las 7 en punto, todos los italianos llegan a tiempo a la misa, el sacerdote por el contrario, llega unos minutos más tarde, irradia miedo, digo, quien no tendría miedo rodeado de gangsters y esos malditos rusos. No hay persona en el lugar que no tenga un arma. La misa dura menos de lo esperado, unas palabras, unos versículos, la paz del señor, nadie pasa por la ostia, sería algo tonto ver a algún mafioso pidiendo perdón a dios. Incluso estoy seguro, que es tanto el orgullo de un mafioso, que van a misa para que dios les pida perdón a ellos, por todo mal sucedido en batalla, o simplemente por ser más que él. Y es verdad, somos más grandes que dios, ni si quiera el puede detener el flujo del poder, la ambición por el dinero, satanás solo nos mira con respeto. A quien le importa, ninguno de los dos nos puede matar, solo son inventos para mantener al pueblo ciego.

Después de la absurda y simbólica misa, nos dirigimos a la calle 23, solo a unos metros de la iglesia, el salón, lleno de globos en forma de estrella, y aún con muy poca gente, despide ese nefasto aroma a comida rusa, como siempre, y con el mismo afán de quedar bien, fueron tan amables (y nótese el sarcasmo) de obsequiarnos la comida, que no dudo está envenenada, realmente, ni ganas de comerla dan. Vodka en cada mesa; que raro; ahora en el salón, hay menos italianos que en la iglesia, la mayoría temen, y no solo familiares y amigos, hay graduados que no asistieron a su fiesta, por temor a cualquier acción, nunca se sabe con esos bastardos.

Un trago para los nervios, en verdad lo necesito, son demasiados rusos, matar a Petrov parece una misión imposible. Rodeado de guardaespaldas, armados hasta el copete, no será nada fácil.

- Quiero ambos vasos llenos, no dejes jamás de servirnos. Toma unos cuantos dólares y atiéndenos bien. ¿Estás nervioso Mihail?
- Francamente un poco, jamás me he graduado, y al parecer será una graduación memorable.
- No pasa nada, deberías estar acostumbrado, en verdad no hay nada que temer, ¿Quieres esperar al final, o lo hacemos de una vez?
- Dejémoslo al final, quiero recordar esta fiesta.
- No la olvidarás, de eso me encargo yo, ya verás.

El vodka seguía llegando, el vaso jamás estuvo vacio, o eso recuerdo ahora. Mi forma de beber ya no es la que era, en pocos tragos sentía mi cabeza girar. Es probable abortar la misión, uno jamás corre igual con tanto alcohol barato de por medio.
Me dieron ganas de bailar con esa mujer alta de los pechos grandes. La llevaré a mi cama a como de lugar. Bailamos, solo ríe, creo que estoy bastante alcoholizado, además que su música me parece tan rara, tan diferente, quiero más alcohol. Subimos a la terraza del lugar, con el valor de un italiano alcoholizado, la beso, no se resiste, me dice al oído que vayamos a su casa, que no está nada lejos, y si lo estuviera que más da, es mi oportunidad. Llegamos a un sucio cuarto debajo de un restaurante, no me importa, solo quiero poseerla, perderme en la inmensidad de su trasero, y recordarle que quien manda soy yo. Mi cabeza sigue dando vueltas, mis pantalones solo caen.

-Quello fa ritardare il prostituta?

No me entiende solo río, hagamos esto pronto, que ya me está asqueando ese aroma a mujer de la vida fácil. No tengo que dar detalles del momento, fue simplemente algo excepcional para alguien tan ebrio como me encontraba. Solo me vestí y salí sin decir nada. Afuera, me esperaban "los muchachos" 4 rusos bien vestidos, solo me pidieron que los siguiera. Algo no iba bien, no contaban sus chistes idiotas, ni hablaban de los malos hábitos de Petrov. Contrario a ir a la guarida caminamos hacia ese callejón donde liquidaban a los "innecesarios". A lo lejos se escucha esa canción de Santo & Johnny Farina presagiando que las cosas no saldrían bien, solo comencé a reír, caminando con mucha tranquilidad, prendiendo un cigarrillo y ofreciendo uno a los demás. Nadie aceptó. En fin, que más podía pasar, seguro estaba muerto, que importa, estoy ebrio.

Llegamos al callejón, sin ordenes algunas, solo caminé a esa pared donde seguro sería acribillado, una bocanada más, una carcajada, uno de ellos me miró y se abalanzó sobre de mi.

-¿Te parece divertido?

Los otros tres lo detienen.

- Crees que solo puedes irte con mi hermana por ser uno de los predilectos de Petrov, eres imbécil. Estas muerto basura italiana. ¡Estás muerto!

Otra bocanada, una inevitable carcajada, le sigue una cachetada, inevitable otra carcajada, comienzan las patadas, solo me tiro y cubro con mis manos, no pienso poner resistencia. Entre golpes solo rio, cuido mi cigarro más que mi golpeado cuerpo. "El cuerpo sana, los cigarros se terminan, que más da".

Se escucha el crujir de su revolver, estoy seguro que disparará, apuntan a mi cabeza, o al menos eso veo de reojo. Suena el vacio inmenso que tanto me gusta de un arma al dispararse. Se repite un par de ocasiones más. Sigo vivo, estúpidos rusos y su pésima puntería. Me paro y me sacudo el traje, amoratado, y con un tremendo dolor de cabeza (seguro es la resaca) miro a mi al rededor y lo único que veo es sangre por todos lados, no se si toda sea mía, que importa, necesito unas aspirinas. Camino a casa, las cosas no tienen sentido, seguro olvidé mucho con tremenda borrachera, siento esa mirada, desde que salí del callejón, los pasos son más cercanos, pero a su vez más temblorosos, me toman del hombro.

-¿Ahora que diablos quieren, no ven que quiero dormir?
-Lo siento, no quería hacerlo, realmente no sabía que hacer, pensé que te matarían.
-¿Matarme? Jaja pobre idiota, soy inmortal. Dios aún me quiere vivo para matar a ese inmundo animal ruso.
-Los... Los maté, en verdad no quería, tengo asco, vámonos a casa.

Entrando en un frío indescriptible, quitando todo rastro de borrachera, miré a los ojos a Mihail. Ahora su mirada estaba perdida, probó el disgustante sabor de la muerte, todo por una estúpida borrachera, no realizamos la misión, ahora todo está perdido, ningún consejo mío, o de nadie, podría cambiar esa sensación de la muerte, ese sabor tan adictivo, tan desgastante, tan embriagante. Jamás podrá dormir igual que hasta hoy. He arruinado todo, y no me siento mal por ello, pero por esta situación, hemos perdido a un gran médico, ya no es lo mismo, querrá más y más.

-No pasa nada Mihail, solo limpiemos ese callejón y vámonos a casa, así tenía que suceder. Necesitas descansar, y mañana si ya no me duele la cara y el cuerpo, tendremos una seria charla, necesitamos hacer un nuevo plan, y justificar la ausencia de estos tres pendejos, que por querer asaltar a algún chofer armado, fueron asesinados.

- Pero...
- Ya, ya, es tarde y me duele la cabeza, no empieces con cursilerías. Deberías estar orgulloso, ya eres un médico titulado, ya compensarás tus errores de joven con duro trabajo, no seas tan rudo contigo, vámonos a dormir.

Antes de llegar a casa, tropecé un par de veces con los basureros tirados fuera del vecindario, al llegar al poste de la esquina fue inevitable vomitar, entre comida y alcohol, había sangre.

- Ja, si me dieron duro verdad (no paraba de reír) que importa, ya dolerá mañana, solo quiero dormir.
- Estás loco, eso es lo que pasa. ¡Estás loco!

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