14 may. 2011

Otra noche de blues

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Pronto amanecerá pero el sueño está lejos de alcanzarme, lo evado con sigilo prendiendo otro cigarrillo. Las horas pasan y lo único que se encuentra en mi pensamiento es la silueta de aquella mujer. Todos los días la observo, con su mirada tierna apuntando hacia un mismo lugar, no observa a nadie, solo camina mirando ese punto que jamás he encontrado o simplemente no comprendo. Me fascina el instante entre que percibe mi mirada y lentamente va volteando, esa milésima de segundo en la que su mirada tierna me mira justo a los ojos, antes de transformarse en esa clásica mirada de desprecio tan común de las mujeres bellas.

No se si sea por ese viejo y un tanto percudido traje negro que suelo llevar todos los días, o el aroma a whiskey que desprende, no lo sé, no lo sé, tantos pensamientos me aturden al tiempo que mi cabeza da vueltas envuelta en mil banalidades y entre ellas se encuentra el porqué de que el aroma de tu perfume dure más en mi mente que el de cualquier otra persona, dudo que sea la fragancia en si misma, si no el hecho de que tu la portes. Como podría olvidar aquel aroma penetrante que atraviesa día con día toda la sala de estar sólo para recordarme lo cerca que estás de mi, y a su vez, lo imposible que será acercarme un paso más a tu cuerpo, sin recibir otra de esas miradas letales.

Bebo un poco más de aquel whiskey caliente por mis manos, no tengo hielo, no tengo nada, ni siquiera una esperanza de salir de esta, miro al borde de la cornisa como la gente se predispone a trabajar, todos corriendo, con esa cotidianeidad citadina que tanto me fastidia. Suena mi teléfono, aquel viejo celular con pantalla en blanco y negro que me tiene atado a un trabajo que detesto, con una agenda que contiene el número de aquella chica a la cual no puedo hablarle porque así como ella percibe mi mirada, yo también percibo su desprecio. Estoy harto, y bastante entorpecido, camino por la orilla de la azotea riendo y cantando aquella pieza contagiosa que tanto me gustó el día de hoy, solo hoy, que la alegría me impide pensar en aquel problema tan grande que se ha vuelto vivir.

"Si te rompieron la ternura en un anden,
si te golpeaban desde que eres un mal,
si le fallaste a la canalla nación,
si ya perdiste tu virginidad,
la tarde es un hospital para locos depresivos."

El sol comienza a despuntar, el estúpido teléfono vuelve a sonar, sin pensarlo en uno de esos saltos tocando la armónica de madera que aprieto con recelo, saco de mi saco el teléfono y sin mirarlo y en un sorprendente giro al borde de una inminente caída, lo arrojo hacia la avenida y sigo bailando con singular alegría

"Si te encontraron desvestido al regresar
Desayunaste algún sedante al despertar.
Te enamoraste de tu hermana mayor
Si te engañaron los testigos de Jehová
La tarde es un hospital para locos depresivos"

Un sujeto me mira desde el edificio de enfrente, su mirada citadina que no refleja más que desprecio por su vida y por la de los demás, solo dio la vuelta y volteó a vivir su mísera vida.

"Voy a liar un tabaco en un solo de blues
dame el tono muchacho, anda, apaga la luz
es el blues del atajo
que comienza en mayor
el vecino de al lado ya sacó el acordeón."

A nadie parece importarle mi vida, realmente no busco su interés, mi vida desde hace mucho gira en torno a lo que suceda en el momento.
Prefiero tomar asiento en la esquina para mirar el nuevo amanecer

"Yo nací un día nublado, creo que nunca paró
de llover en las calles, alguien dijo que noviembre lloró
a los quince de casa me salí a recorrer
esta tierra mojada de dolor y placer
de dolor y placer."

Me asomo por la orilla esperando caer, para saber que se siente, alguien toma mi hombro, me pide dar marcha atrás, comienzo a reír con demencia, en verdad no me iba a arrojar, sabía que su interés no era por mi vida misma, si no por el hecho de no tener que limpiar mi desorden al caer, solo me paré di un par de saltos más y baje por aquellas escaleras, escuchando el precioso eco de la armónica por ese feo corredor del edificio donde solía vivir hasta esta noche.

"Conocí una mujer que vendía la ocasión
me envolví a su querer iba hambriento de amor
iba hambriento de amor
diecisiete, una lira, hijo a rocanrolear
entre el humo y bebida, hijo, a vagabundear
vine a dar con un blues
en un frío callejón
olvidé lo demás, me subí a su vagón
al final."

Emprendí la marcha al departamento carente de muebles y de recuerdos, tomé mi única posesión valiosa en ese lugar, otra botella de whiskey, dejé la puerta abierta y partí, vagando en mi mente tanto como por la ciudad, a punto de llegar a mi tedioso y horrible empleo de tiempo completo, cuando mi cuerpo decidió dar vuelta en dirección perpendicular a ese maldito edificio, su perfume se percibía desde la esquina, me incitaba a dar vuelta y volver, pero pudo más mi espíritu viajero, la ausencia de efectivo no me pareció un problema, solo decidí caminar, siguiendo la oscuridad de la noche caminando hacia el este tratando de alcanzarla, pasaron las horas, el hambre se mitigaba con el alcohol y cigarrillos, que más da.

Otra noche se acerca hacia mí, tal como yo me acerco hacia ella, caminando en direcciones opuestas sabiendo que nos vamos a encontrar en algún punto para compartir, como cada 24 horas, otra noche de blues.

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