30 ene. 2011

De vuelta a Casa.

Historia basada en mi sueño de anoche, y como continuación de los pequeños cuentos de mafiosos que con gusto les comparto.

Te recomiendo escuchar mientras lees:


Las cosas funcionan bastante diferente desde el día que partí de "La Piccola Firenze", al parecer, nadie sabía como fueron las cosas antes, lo único italiano que quedaba, era el aroma de la pasión con la que se vivía hace unos años.
Esos malditos rusos aprovecharon la oportunidad después de mi partida, y apañaron todo lo que nos pertenecía, asesinaron familias enteras, y ahora tienen el control absolutamente de todo, todos los italianos e italo-americanos, son peor que esclavos de esa escoria tan nefasta.
Había que tomar las cartas pronto para remediar este asuntito que en verdad me ponía furioso.
Vagando viendo el viejo vecindario en estado deplorable, decidí ir a casa, para terminar de romper la poca ilusión que me quedaba de volver a casa después de tanto tiempo. Algo no andaba bien en nuestra vecindad, ningún rostro conocido, solo esos malditos rusos vendiendole su droga a nuestros chicos, subi las escaleras que llevan a ese pasillo que de niño me parecía interminable, al llegar a la última puerta del lado derecho, junto a esa ventana que da hacia el cementerio. Al acercar mi llave a esa oxidada y casi deshecha perilla, se acercó un sujeto de pequeña estatura, unos 23 años ojos azules y piel más blanca que la nieve, preguntó con curiosidad si era yo, asentí con la cabeza. El tal Mihail J. "El Zorro", se presentó conmigo, y dijo que me estaba esperando desde que partí.

-¿Nadie vive aquí?
- No, pese a todo lo sucedido, bien se sabe quien eres, y todos sabían que volverías.
-Pasa, no te quedes ahí afuera.
-Gracias, como puedes ver las cosas han cambiando totalmente desde tu partida. La droga, el juego y las armas ahora son controladas por "Petrov" un sujeto de aspecto gentil y cordial, una burla, de la imagen de un italiano, un sujeto agradable que no quieres conocer, pero todos tenemos la desdicha de hacerlo.
Por ahora sé que tiene un "negocio tapadera" cerca del barrio Mexicano, un bar, el cual curiosamente no es visitado, por ningún mexicano, todos los rusos importantes se reunen allí para organizar las apuestas, las rutas de reparto de la heroina, y por su puesto a lavar el dinero que se genera en el negocio. Y al parecer estás de suerte, mañana iré a una charla para ver si estoy dentro, sé que necesitas el trabajo, podrías acompañarme...
-Lo pensaré,lo pensaré; pero;¿Porqué la invitación?
-Porque sé que contigo podré terminar con esto y que las cosas vuelvan a la normalidad.
-¿Un ruso trabajando conmigo, para terminar con otro ruso?.
-Mi madre vivía en este vecindario, era italiana también, justo en este edificio, dos pisos abajo, tal vez no me recuerde, yo solo era un niño cuando usted partió...
-Estoy cansado, mañana conversamos.

Eran las 7 en punto de la mañana, cuando mi puerta sonó con intensidad, tomando mi revolver y un vaso de vino tinto que sobró de anoche, me acercé a la puerta con sigilo, era Mihail, bien vestido, iba por mis llaves, pero al volver y abrir solo encontré una nota, con una dirección, una hora, y la fecha del día de hoy.
"16 Sep. esq. 5 de Mayo
23:00 sea puntual
13/04/78"
Por más que lo ocultara en el fondo, sabía que tenía que hacerlo, la memoria de mi gente, de mis padres, abuelos, mis hijos desaparecidos, la Piccola Firenze, esto necesitaba orden, pero solo eramos el zorro y yo...

Buscando en los roperos encontré aquel traje negro de los tiempos de gloria, decidí desempolvarlo y usarlo esta noche, porque ante cualquier cosa, la clase y elegancia son primordiales en este trabajo.

Se acercan las 23 horas, decidí acudir a la cita del joven, esperando una oportunidad, sería algo a largo plazo, tenía que estar seguro de no ser blanco fácil, necesitaba amistades, seguridad y protección.
Entramos al supuesto bar, un pasillo pequeño antes de llegar a la nave principal, unas cuantas mesas, la barra que iba desde el pasillo hasta la nave, la cantinera era una tuerta llamada Margosha, con un cuerpo impresionante, una voz sensual, pero con su ojo al descubierto, podría aterrar a cualquiera, las luces opacas del lugar, el aroma a vodka y las ratas saliendo de todos lados hacía que odiara más a esa gente, lo que le hicieron a un lugar tan magnífico, como lo fue la Piccola Firenze.

Se acercaba un grupo de personas, todo mundo los saludaba con cierto temor y respeto, pude notar obviamente, que se acercaba su lider, el famoso Petrov.
Petrovin
Petrovon
Petrobial
Morirás
Putrov
Maldita sea, el vodka está haciendo su trabajo, debo dejar de tomar si quiero entrar a este agujero y terminar con esta basura.

Solo a una mesa de distancia, se sentó esa escoria, fumando cigarros extralargos como una vil cortesana, debe morir, debe pagar.
El zorro llegó minutos después y se sentó en la misma mesa que yo. Al ver que me encontraba un poco ebrio, me retiró el vaso, y se acercó a la mesa de Petrov, no sin antes claro, pasar por la mesa intermedia donde tuvo que saludar y conversar alguna estupidez de rusos para llegar a su jefe.
Viendo y no viendo, de reojo los miraba, veía ese diente de oro reflejando ese asqueroso brillo en la boca de Petrov, el zorro me hizo seña de acercarme, me paré, caminé hacia ellos con ese ligero vencimiento en las piernas cuando uno está tomado, pasé por la mesa intermedia ignorando a todos los comensales, hasta llegar a Petrov el cual quería estrechar mi mano, pero solo asentí con la cabeza, preguntando en que servía.

-El zorro me ha hablado de tí, dice que eres bueno.
-¿De que estamos hablando?
-Algo pequeño por ahora, los japoneses quieren vender su opio por acá, y eso no me agrada para nada, tu sabes.
-¿De cuanto estamos hablando?
-Por eso no te preocupes, veo que estas en la calle, tu traje es asqueroso, ve a la sastrería mañana te daremos el mejor traje ruso que hayas visto en tu vida.
-Por mi ropa no se preocupe, ¿Cuando empieza el trabajo?
-Ahora mismo, solo ve a tu mesa y espera al zorro, el te dirá lo demás.

Volví a mi mesa y pedí otro trago, el zorro se acercó, se sentó a mi lado, cuando empezaron a parpadear las luces del lugar, un ligero apagón de 3 segundos bastó, para que un par de jovenes en las primeras mesas desaparecieran, el ambiente se tensó y al voltear detrás Petrov tampoco estaba, solo sus capos, se acercaron dos más a nuestra mesa, y nos dijeron, vayanse ahora, saben a lo que me refiero, sin preguntas y rápido, fuera de aquí.

Salimos con la calma propia para no demostrar temor, digo, no es la primera vez que veo que matan a un hombre, pero tampoco quiero que sea la primera y única vez que me maten a mí.
Justo en la entrada de su putrido congal, un coche se arrojó sobre nosotros, al mismo tiempo dentro del bar, sonó un estruendo tan fuerte, que podría jurar que dispararón un cañón. Se bajó un sujeto del coche y me apuntó con su arma en la cara, justo entre ceja y oreja, el zorro, estaba temblando de miedo, apenas era un joven de 23 años, que jamás había visto la muerte pero ya la habia experimentado con sus padres.
El sujeto del arma me parecía familiar, era de mi mismo vecindario, estuvo a punto de disparar, o al menos eso creí, hasta que salieron los capos de Petrov, todos sacaron sus armas, tenía que quedar bien, saqué la mía y le apunté a mi viejo amigo, que al parecer no me había reconocido, subieron al carro, y el zorro, también se subió con ellos, los 2 temblando de miedo un tercer pasajero esperaba detrás en el auto, al subir encendieron sin pensar el motor, y al dar la primera vuelta chocaron con un poste de luz metálico, los rusos rieron, el coche en reversa, los rusos guardando sus armas, el coche avanza, los rusos regresan al bar, estoy en medio de un barrio mexicano, no conozco a nadie, y no sé como regresaré a casa, gasté todo en vodka y cigarrillos.

El trabajo fue más fácil de lo que pensé. Camino a casa, se acerca un individuo muy mal aliñado, pero con algo peculiar, su mala imagen, no ocultaba ni un segundo su oficio, ni ese reloj de oro que se escondia bajo la harapienta sudadera de los gigantes y sus ojos razgados delataron su nacionalidad, con mi revolver en la parte trasera de mi pantalón, solo tuve que hacer un par de preguntas.

-¿Vendes lo que busco?
-¿Buscas lo que vendo?
- Solo si no es muy caro.
- Es caro, pero es de Calidad...
- Ok, muestra un poco si es que traes...

Cuando el japonés metió la mano en su bolsillo, solo saqué mi revolver y le dispare en el corazón, y cual criminal estadounidense, le quité sus posesiones y sus drogas, que de algo servirían tomando en cuenta que estaba en ceros, que venía desde tierras Mexicanas con ganas de empezar y que no muy lejos estaba de matar a ese maldito asesino ruso.

1 comentario:

Fervie dijo...

Me E N C A N T O !!
Lo ame <3
Me gusto muchisimo :3
Me intrigoooo!
yayayaya escribe mas!
andaleeee !
Aunque no te inspires en tus sueños (: